Anatomia de la ira

Psicólogo Madrid, Psicoterapia / 23.11.2015

Lo que realmente resulta decisivo para el desarrollo de la ira es que ese pensamiento vaya seguido de otros pensamientos de irritación y venganza. Podemos atemperar nuestra ira con la compasión o con cierta apertura mental que permite detener la escalada del enfado. Benjamin Franklin (politico, científico e inventor estadounidense) expresó muy acertadamente este punto cuando dijo:

«siempre hay razones para estar enfadados, pero éstas raras veces son buenas»

Ira: su formación y persistencia

Dolf Zillman (psicólogo e investigador científico) considera la escalada de la ira como

«una secuencia de provocaciones, cada una de las cuales suscita una reacción de excitación que tiende a disiparse muy lentamente»

De este modo, una segunda descarga tiene lugar antes de que la primera se haya disipado, una tercera se suma a las dos precedentes y así sucesivamente. De esta manera, la ira se construye sobre la ira al tiempo que la temperatura de nuestro cerebro emocional va aumentando.

En este momento, la persona se siente incapaz de perdonar y se cierra a todo razonamiento. Todos sus pensamientos gravitan en torno a la venganza y la represalia, sin detenerse a considerar las posibles consecuencias de sus actos. Este alto nivel de excitación, afirma Zillman, alimenta una ilusión de poder e invulnerabilidad que promueve y fomenta la agresividad, ya que, a falta de toda guía cognitiva adecuada, la persona enfadada se retrotrae a la más primitiva de las respuestas.

¿Cómo intentar parar la ira?

La cadena de pensamientos hostiles que alimenta el enfado nos proporciona una posible clave para poner en práctica uno de los métodos más eficaces de calmarlo. En primer lugar, debemos tratar de socavar las convicciones que alimentan el enfado. Cuantas más vueltas demos a los motivos que nos llevan al enfado, más «buenas razones» y más justificaciones encontraremos para seguir enfadados. Los pensamientos obsesivos son la leña que alimenta el fuego de la ira, un fuego que sólo podrá extinguirse contemplando las cosas desde un punto de vista diferente.

Lo que hay que saber

El detonante universal del enfado es la sensación de hallarse amenazado. Y no nos referimos solamente a la amenaza física sino también, como suele ocurrir, a cualquier amenaza simbólica para nuestra autoestima o nuestro amor propio (como, por ejemplo, sentirse tratado ruda o injustamente, sentirse insultado, menospreciado, frustrado en la consecución de un determinado objetivo, etcétera). Imagen metafórica: es como estar en la punta de un trampolín, difícil volverse atrás. La persona excitada por la ira desarrolla una hipersensibilidad a los estímulos exteriores.

Como afirma Diane Tice (psicóloga e investigadora científica), la ira parece ser el estado de ánimo más persistente y difícil de controlar. De hecho, la ira es la más seductora de las emociones negativas porque el monólogo interno que lo alienta proporciona argumentos convincentes para justificar el hecho de poder descargarlo sobre alguien. A diferencia de lo que ocurre en el caso de la melancolía, la ira resulta energetizante e incluso euforizante.

(de “Emotional Intelligence“. Daniel Goleman)


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