Como complicarnos la vida

Psicólogo Madrid, Psicoterapia / 22.01.2015

Existen muchas maneras para complicarnos la vida. Estudios científicos desarrollados en el campo de la psicopatología nos indican como ciertas formas de pensar, ciertos modos de expresarse o ciertas costumbres heredadas por una sociedad poco instruida emocionalmente y psicológicamente, puedan influir (para mal) sobre la constitución de la forma de ser de cada persona.

Formas para complicarnos la vida

A continuación identificamos 10 formas de complicarnos la vida. Afrontar las situaciones difíciles con distorsiones del pensamiento y falsas creencias a la larga nos afectará en el plano del bienestar emocional y psicológico. Prestar atención a estos errores bastante comunes:

1) pensamiento todo/nada = este tipo de pensamiento concibe la realidad de una forma bipolar como todo o nada y por ello es un pensamiento nada realista. Los pensamientos depresivos están llenos de este tipo de pensamiento. Las palabras como nunca, jamás, siempre, todo, nada, en absoluto, imposible, indican un estado de ánimo de derrota sin capacidad para encontrar ningún salida al problema;

2) generalización excesiva = este pensamiento se da cuando tendemos a generalizar hechos o acontecimientos que son singulares;

3) filtro mental = se define porque nos fijamos solo en la parte mala de los hechos sin darnos cuenta de que en ellos hay también otros aspectos no tan malos, simplemente cambiando un poco nuestro punto de mira;

 

 

4) descalificar lo positivo = ocurre cuando los acontecimientos positivos son considerados fruto de la casualidad, mientras que los negativos serian consecuencia de un castigo merecido, fruto de un sentimiento de culpabilidad. Lógicamente este tipo de pensamiento va en contra de la autoestima y promueve la falta de control de las emociones;

5) conclusiones apresuradas = se dividen en lectura del pensamiento y error del adivino. La lectura del pensamiento consiste en pensar que las otras personas tienen una mala opinión de nosotros sin ninguna cuestión objetiva. Y cuando tenemos estos pensamientos no hacemos nada por intentar comprobar si eso es cierto.

El error del adivino consiste en pensar sobre el futuro de forma negativa. Se comete para estar mejor preparados para soportar la frustración. Esta es una actitud poco sincera porque aquellos que dicen que les va a ir mal son aquellos que más necesitan que les vaya bien. La actitud más adapta consistiría en no esperar nada, en llevar a cabo acciones en función de los hechos y en tener proyectos. En todo momento, lo mejor es actuar y lo peor es esperar;

6) magnificación y minimización = se refiere al tipo de pensamiento que tiende a aumentar los fracasos y a disminuir los éxitos de una manera desproporcionada;

7) razonamiento emocional = este tipo de desajuste se refiere a las personas que interpretan los estados de ánimo como si se tratasen de verdades objetivas. Las personas que utilizan este tipo de pensamiento piensan que si se sienten mal es porque son responsables de algo que han hecho que ha tenido consecuencias negativas;

 

 

8) enunciaciones “debería” = con frecuencia utilizamos frases del estilo “debería hacer”, “podría hacer”. Este tipo de enunciado tiene un sentido paradójico. De una parte parece que impulsan la persona a hacer algo interesante y de otra parte lo que hacen es paralizar a la persona, que simplemente piensa lo que va a hacer. De este modo, las personas justifican su no hacer con un debería hacer, pero sin llevarlo a cabo. Sería mejor que esos enunciados no aparecieran y que ocurrieran dos cosas: una, que la persona hiciese algo por cambiar, o que no hiciese nada pero fuera consciente de que no lo ha hecho y de este modo en algún momento posterior le impulsaría a la acción;

9) etiquetación = tendemos a etiquetarnos tanto a nosotros mismos como a los demás. La etiqueta es un reduccionismo intelectual que puede tener su sentido para denominar cosas complejas. Sin embargo, relativo a las personas tiene consecuencias nefastas;

10) personalización = las personas piensan que no solo son responsables de sus propios actos, sino que se sienten responsables de los que hacen los demás. En este caso es necesario diferenciar entre influencia y control. Las personas somos responsables de aquellas acciones sobre las que ejercemos control. No somos responsables de aquellas sobre las que ejercemos influencia. Este pensamiento mina la autoestima y la capacidad para emprender nuevos proyectos.


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