En familia: autoestima y problemas de relación

Psicólogo Madrid, Psicoterapia / 09.07.2014

En la consulta de psicoterapia de Espacio UnicaMente tratamos el problema de la autoestima también como producto de la relación entre padres e hijos. Por lo tanto, a veces es oportuno intervenir terapéuticamente no solo a nivel individual sino también de contexto. A seguir, una breve excursión sobre los modelos de familia existentes hoy en día y los efectos que tienen en la auto-determinación de jóvenes individuos.

Quando los hijos crecen

El recorrido natural evolutivo del joven para llegar a ser adulto necesita volverse autónomo e independiente, y ha de ser capaz de asumir responsabilidad personal y social. Sólo a través de la experiencia de obstáculos superados puede el joven estructurar la confianza en sus propios recursos y el propio equilibrio psicológico.

La autoestima si no se establece a través de una sólida base de conquistas y de éxitos, permanece vacía de significado y puede, por lo tanto, generar una desconfianza del adolescente hacia sí mismo y hacia los mensajes de sinceridad de los adultos. La autoestima se conquista a través de las experiencias personales, no puede ser donada por los demás.

¿Hiperprotección o clima permisivo?

Hoy en día el verdadero problema ya no es la privación afectiva sino la hiper-protección. Familias hiper-protectoras: con este término se entiende una parentela dentro de la cual existe un clima basado en el hecho que los adultos sustituyen continuamente a los jóvenes, hacen las cosas en su lugar, intentan ayudarles, eliminar sus dificultades por temor a que enfermen de alguna manera. Lamentablemente con padres hiper-protectores se ven más a menudo trastornos psicológicos, afectar el hijo adolescente, de tipo ansioso, obsesivo, fóbico, depresivo y trastornos alimentarios.

En familias en las que existe un clima permisivo envían al hijo el mensaje siguiente: mis padres no son capaces de ayudarme, de apoyarme, de ofrecerme protección ya que nunca me demuestran firmeza ni determinación. Justamente porque en los padres no hay modelos de comportamiento, o aún peor, porque no encuentran puntos de regencia seguros, los hijos pueden buscar en otro lugar modelos de fuerza y determinación que imitar. Y puesto que, por desgracia, la mayoría de los héroes sociales actuales son negativos, no hay que sorprenderse de que jóvenes de buena familia puedan transformarse en rebeldes violentos o adolescentes antisociales. Una vez más, es la mejor intención, pues, la de garantizar a los hijos una vida siempre mejor, la que produce los peores efectos, es decir, jóvenes adultos inseguros e incapaces de asumir responsabilidades con plena autonomía.

Algunos modelos de familia

Los modelos recurrentes de organización de las relaciones entre padres e hijos son:

  • El modelo hiper-protector: se refiere a una familia cada vez más pequeña, cerrada y protectora, en la cual los adultos sustituyen continuamente a los jóvenes, hacen su vida más fácil, intentan eliminar todas las dificultades hasta intervenir directamente haciendo las cosas en su lugar.
  • El modelo democrático-permisivo: la característica principal es la ausencia de jerarquías. Los cónyuges, a menudo diplomados o licenciados, ambos trabajan. Padres e hijos son amigos y hay falta de autoridad.
  • El modelo sacrificante: se considera el sacrificio como comportamiento más idóneo para hacerse aceptar por el otro y para mantener estable una relación. El resultado es la falta de satisfacción de los deseos personales y la continua condescendencia con las necesidades y deseos de los demás.
  • El modelo intermitente: en este modelo las interacciones entre adultos y jóvenes están cambiando continuamente, en lugar de ser coherentes respecto a un modelo están connotadas por una ambivalencia constante. Por ejemplo, el padre puede alternar posiciones de hiper-protección seguidas de conductas democrático-permisivas, para después asumir el papel de víctima sacrificante; toda la secuencia sin aparentes motivos.
  • El modelo delegante: la pareja se inserta en un contexto de relaciones parentales fuertemente estructurado. Normalmente el de la familia de origen de uno de los dos cónyuges. Falta una figura de referencia: los abuelos pertenecen ya a una generación superada, los padres resultan débiles y, por lo tanto, poco convincentes como guías en los que confiar en momentos de necesidad.
  • El modelo autoritario: modelo relación en el cual uno de los padres o ambos intentan ejercer el poder sobre los hijos. Es un estilo que pertenece a las generaciones de antes o inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial. La vida en familia está marcada por el sentido de la disciplina y del deber, el control de las propias necesidades y deseos.

Ninguno de los modelos de interacciones familiares observados y descritos es patógeno en sí mismo; es su exasperada y reiterada aplicación que los vuelve así. Para cambiar una complementariedad patológica es necesario introducir en el modelo interacciones simétricas y, viceversa, para cambiar una simetría patológica se tienen que insertar en el modelo de interacción aspectos de complementariedad.

La comunicación en la familia puede estructurar dos formas antagonistas de relación: la complementaria y la simétrica. Una basada en el acuerdo y otra en el contraste. Ninguna de las dos es, por definición, sana o enferma. Ambas pueden ser patológicas o sanas según el grado de rigidez que se establezca. Cada una de ellas se convierte en patógena cuando se vuelve rígida sin posibilidad de cambio.

(de “Modelos de Familia”. G. Nardone, E. Giannotti, R. Rocchi)


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