La pareja en crisis (primera parte)

Psicólogo Madrid, Psicoterapia / 06.08.2014

Con este artículo pasaremos a revisión los ingredientes que provocan discusiones, fricciones, motivos de enfado y rechazo, complementariedad patógena o escaladas simétricas en la relación con la pareja.

Los ingredientes principales de una pareja en crisis

Es importante aclarar que no es suficiente una expresión episódica de uno o más de estos actos de comunicación (puntualizar, recriminar, echar en cara, sermonear, “¡te lo dije!”, “lo hago sólo por ti”, “deja, ya lo hago yo”, reprobar) para llevar a cabo una dinámica de relación connotada de incomprensiones, fricciones y peleas, sino que se necesita la insistencia y la repetición constante de al menos uno de ellos. Sin embargo el verdadero artista del diálogo catastrófico es capaz de utilizar si no todas ellas si una buena parte de las técnicas que iremos describiendo y pasar imperceptiblemente de una a otra.

Empezamos con un rasgo que caracteriza a las personas inteligentes en sus relaciones y se trata de la tendencia a puntualizar las situaciones y las condiciones, las sensaciones y las emociones en relación con otras, para tener bajo control y programar la relación del mejor modo posible. Ésta podría parecer una modalidad de interacción correcta con el propio compañero/a: de hecho, evita equívocos o incomprensiones que podrían transformarse en roces y conflictos. Sin embargo, esta modalidad puede llegar a ser redundante y trasformarse en una práctica que, en lugar de prevenir los problemas, los alimenta. La razón es que pocas cosas son tan fastidiosas cómo sentir que nos explican cómo son las cosas y cómo deben ser para que funcionen mejor.

«Es imposible conocer a los hombres sin conocer la fuerza de las palabras» Freud

Primero ingrediente: puntualizar

La tendencia a puntualizar está estrechamente conectada a la moderna evolución de las relaciones de pareja, en cuanto representa la expresión más típica de estrategia de mediación dentro de una relación paritaria. Como sucede a menudo, cosas buenas producen efectos malos sencillamente a causa de la sobredosis, exactamente igual que un fármaco suministrado en dosis excesivas se convierte en veneno. En este caso, el intercambio emotivo afectivo, sometido al análisis racional, se reduce a algo frío y distante, en vez de exaltar los aspectos de calor e implicación que son el fundamento de toda relación afectiva.

En otras palabras, analizar y discutir a nivel racional una cosa que funciona también, y sobre todo, sobre la base de las sensaciones, las emociones y los sentimientos – aspectos no reconducibles a una fría lógica – empobrece los vínculos que mantienen unidas a las personas. La estrategia del “puntualizar” podría definirse como una “perversión de la racionalidad“, ya que produce efectos irracionales a partir de un comportamiento súper-racional.

Segundo ingrediente: recriminar

Si puntualizar provoca reacciones que están en conflicto con la intención de partida, el hecho de recriminar incluso transforma su objeto, es decir, la culpa del otro, en legítimos derechos. El acto comunicativo del recriminar, es decir, someter el otro a un proceso en el que se puntualizan sus culpas, aunque pueda parecer una manera correcta y legitima de aclaración, tiende a producir en el acusado reacciones emotivas de rebeldía.

El sentirse cuestionados y condenados hace que se disparen reacciones que desplazan el plano de la discusión del nivel lógico – en el cual se cuestionan simples hechos – a un nivel de relación en el que las emociones en juego son el rechazo y la rabia. Esta reacción emocional anula la culpa y hace que nazca en la pareja el deseo de escapar o de atacar.

Razones y emociones no están siempre de acuerdo, más bien a menudo están en conflicto. Lo más importante es acordarse de que habitualmente es la razón la que pierde mientras que la emoción gana.

Se debería recordar que cada vez que se nos ocurre recriminar algo a alguien, el resultado no será la aceptación de nuestras razones, sino una reacción de rechazo emocional que puede llevar a un frío distanciamiento, o a un enfrentamiento que puede transformarse en un litigio.

«Hablar con alguien no es sencillamente dar informaciones sino hacer con las palabras» John Langshaw Austin

Tercer ingrediente: echar en cara

Si puntualizar y recriminar producen efectos bastante desastrosos, el echar en cara los supera a ambos: echar en cara es un acto comunicativo que induce a exacerbar en vez de reducir aquello que se quisiera corregir.

El que echa en cara se coloca como víctima del otro y, desde esta posición de dolor, utiliza su propio sufrimiento para inducir a la pareja a que corrija aquellos comportamientos que lo han generado. Sin embargo, por desgracia, el resultado habitualmente es que no solo nuestro/a compañero/a cambia de comportamiento, sino que incluso se indispone, se enfada y a menudo llega a ser aún más opresivo.

Lo que se establece, entre el que echa en cara y el que sufre, es una forma de complementariedad patógena de comunicación que tiende a estructurarse como un autentico guión interpersonal, dentro del cual el que es culpabilizado es llevado a reaccionar rechazando o atacando al otro que, al actuar como víctima, lo coloca en esta posición.

Actuando así, la víctima aumenta la sensación de serlo y se sentirá aún más metida en este rol, lo que desencadenará una reacción posterior de rechazo o de agresión por parte de quien se hace sentir culpable. La dinámica será la de un círculo vicioso del cual, una vez activado, es realmente difícil salir.

«Es como estar capturados por un tornado que, con su espiral de energía, arrolla hasta el impacto final»

Cuarto ingrediente: sermonear

Si puntualizar es llevar la relación afectiva a un método de comunicación pertinente al mundo científico, así cómo recriminar significa utilizar un lenguaje jurídico legal en el ámbito de una relación afectiva, el echo de sermonear representa trasladar a la relación de dos un método que se toma prestado de la esfera del sermón moral y religioso.

Por lo tanto, antes que nada, como en el caso de los otros dos ingredientes, ha de quedar claro la falta de idoneidad de esta modalidad de comunicación en el planeta de las relaciones de dos personas, ya se trate de una relación de pareja, de socios profesionales o entre padres e hijos.

La estructura de hacer el sermón es proponer aquello que es justo o injusto a nivel moral y, sobre esta base, examinar y criticar el comportamiento ajeno. El efecto de esta acción comunicativa es que hace venir el deseo, también en quien no lo tiene, de transgredir las reglas morales puestas como fundamento del sermón mismo.

Es interesante notar que a menudo dentro de un “buen sermón” podemos encontrar tanto la recriminación como el puntualizar y el echar en cara como víctima. En este caso, sermonear representa la quinta esencia de un diálogo desastroso y que inevitablemente perjudicará el bienestar de la pareja.

(de “Corrígeme si me equivoco“. G. Nardone)


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